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Adiós a Federer

Roger Federer
Tincho Mérola

Escribo esta nota al tiempo que estoy mirando la final del US Open 2015. De un lado está Novak Djokovic, indiscutido Nº 1 del mundo, quien rápidamente se puso un set arriba en el partido. Pero no le hago caso, prácticamente no lo veo, toda mi atención está puesta en su rival: esa leyenda viva del tenis llamada Roger Federer. Veo sus movimientos, anticipo sus golpes, disfruto sus aciertos y sufro, muchísimo, con sus errores. Miro al tenista que seguí toda mi vida y me doy cuenta con angustia de que probablemente sea la última vez que pueda verlo jugar en su máximo nivel.

Empecé a ver tenis en 2002, ante la insistencia de mi viejo de que viera esa final en la que Pete Sampras ganó su último torneo frente a André Agassi, su rival eterno. El escenario: el mismo Abierto de Estados Unidos en el que ahora Federer lucha por doblegar al único rival que pone en peligro su título como mejor de la historia. Sampras se retiró al año siguiente, así que comencé a fijarme en los jóvenes jugadores que intentaban convertirse en herederos de su reinado en el circuito ATP. Durante 2003 pasaron efímeramente pretendientes como Lleyton Hewitt y Andy Roddick, pero el que llamó mi atención fue el ganador de Wimbledon de ese año. Ese suizo de 22 años que se movía por el pasto como si no lo pisara y aturdía a sus rivales con seguidillas de golpes maestros me dio un motivo para seguir mirando tenis. No me equivoqué: en 2004 Roger Federer explotó y se convirtió en el nº 1.

Resulta irónico que, con todo lo que ha ganado, hoy recuerde mucho más sus derrotas que sus éxitos. Me acuerdo de cada vez que perdió con Rafa Nadal en Roland Garros y esa terrible derrota en Wimbledon. Me acuerdo cuando no podía doblegar a Nalbandian y cuando se le escapaban partidos contra rivales ignotos. Es que para mí ver ganar a Federer era lo normal, era natural que el mejor ganara todo y nadie pudiera moverlo del nº 1. Así de superior lo veía sobre sus rivales.

Después vinieron otras épocas, donde “Rogelio” ya no apabullaba a sus rivales y tuvo que luchar por llegar a las finales. Perdió el nº 1, primero a manos de Nadal y luego con Djokovic. Empezaron las lesiones, la maldita espalda, y las derrotas se sucedían una atrás de la otra. Después de 2013, pensé que ya había pasado su momento y que sería hora de mirar para adelante.

Por siempre Federer

Pero me adelanté. En 2014 volvió con todo y hasta se dio el lujo de Ganar la Copa Davis. Ya no era el Federer apabullante de otras épocas, pero con correcciones logró olvidarse de la espalda, de la edad, del tiempo y del espacio. Llegó nuevamente a la final de Wimbledon y perdió, pero siguió jugando, luchando. Se mantuvo firma en el segundo puesto del ranking a pesar de todos los jóvenes talentos que le disputaron el lugar.

Hoy tiene 34 años, 87 títulos y es considerado por muchos como el mejor tenista de la historia. Sé que muy pronto será el fin y que tendré que empezar a ver tenis con otro jugador como referencia. Lo miro jugar mano a mano con el mejor del mundo, luchando por llevarse el segundo set y emparejar el partido. Lo miro ser Federer y me olvido de la idea de que esta será la última vez que lo vea en una final de Gran Slam. No importa si pierde este partido y todos los que vengan. No importa si es una final o una exhibición. Mientras siga jugando lo seguiré mirando, porque para mí el tenis se llama Roger Federer.

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