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El Miedo manda

El Miedo manda
Juli Cecere

Hace poco empecé a pensar conscientemente un poco en el miedo y me di cuenta que el miedo manda.  El tema surgió en una clase de teatro. Porque cuando un grupo heterogéneo de personas – de 19 a 50 años – se junta… ¿qué es lo único que puede tener en común? He aquí la respuesta: Miedo.

Miedo a la soledad, al divorcio, al fracaso, al abandono, al desempleo, al desamor. El miedo manda y puede manifestarse en forma de fobia, en el carácter, en las decisiones, y en el actuar. No podemos escapar al miedo. Es como un hilo rojo que nos conecta entre todos. El escritor uruguayo, Eduardo Galeano, le dedico su pluma a esta cuestión tan nuestra, tan visceral (si tienen tiempo no se pierdan la posibilidad de leer su poema acerca de los miedos).

El disparador de la clase – y de las que vendrán- fue el miedo y los conflictos que trae aparejado. La dificultad radica en que el miedo nos genera conflictos con los demás, pero principalmente un fuerte conflicto interno. La lucha se da en eso que tenemos arriba de los hombros, que peinamos después de bañarnos y acostamos en la almohada durante las noches: la cabeza. Los miedos solo existen en nuestra mente.

En la clase de teatro empezamos a representar distintos tipos de miedo, y lo más entretenido fue ver el prisma bajo el cual cada uno experimenta los suyos. Es extraordinario poder apreciar esta diversidad de miedos. En las improvisaciones con respecto a esta consiga del “miedo manda”, trabajamos en las siguientes escenas: una mujer separada intenta rehacer su vida, un par de amigos que tienen problemas económicos se ven obligados a cerrar su bar y un hijo le cuenta a su madre que es homosexual.

El disparador en cada caso es el miedo; a lo que dirán, a fracasar, a sincerarse, a ser juzgado, a arrancar de nuevo, a tropezar, a la incertidumbre, al futuro, a equivocarse, etc. Podríamos estar todo el día hablando de cómo el miedo manda en cada pequeño conflicto de nuestras vidas. Vale la pena recalcar que, a pesar de que el miedo manda, solo lo hace en nuestra cabeza.

Aquí comparto un pasaje alentador de Galeano acerca de cómo podemos intentar vivir sin miedos:

 

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