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Death Note, manga para todos

Death Note manga
Tincho Mérola

Hablar de manga me pone un poco incómodo. Manga, para el que no sabe, son los cómics japoneses en blanco y negro que se leen de derecha a izquierda. A pesar de la enorme explosión que tuvo su consumo en la última década, en la Argentina el gusto por estos cómics se sigue viendo como algo raro y marginal, un hábito que está bien para niños y a lo sumo adolescentes, pero definitivamente no para adultos. En cierto sentido esos prejuicios son acertados: el manga está orientado mayoritariamente hacia un público joven, con historias sencillas donde priman valores como la valentía, la amistad y la solidaridad.

Pero aún con esa premisa existen obras de una calidad y profundidad tales que superan por mucho esa barrera que impone el “es cosa de chicos”.  En la década de 80, tal fue el caso de Akira, Katsuhiro Otomo, una historia sobre un futuro distópico que sirvió de inspiración a infinidad de cineastas y escritores. En el 2000, Death Note fue el que tomó la posta. Este cómic creado en 2003 por la exitosa dupla creativa Tsugumi Ōba y Takeshi Obata es prueba reciente de todo lo que puede dar el manga.Kira y Ryuk

Todo comienza con una premisa: ¿Qué pasaría si uno tuviera en sus manos la capacidad de matar a quien quiera cuando y donde quiera y no sufrir consecuencias? La respuesta la da Light Yagami, un brillante pero aburrido estudiante japonés que se encuentra con el Death Note del título, un cuaderno que le permite eliminar a alguien con solo escribir su nombre. Tras algunas (pocas) dudas, Light llega a la conclusión de que la libreta es una herramienta para erradicar el crimen del mundo. Por erradicar se refiere por supuesto a matar a todos aquellos que cometen crímenes graves.

Las muertes masivas de presos por asesinato, mafiosos y corruptos llama la atención de las autoridades, que para lidiar con el caso deciden involucrar a un joven genio/detective llamado simplemente “L” que será la contraparte de Light a lo largo de la historia. La batalla intelectual entre Light y L es el gran atractivo de la historia, con giros inesperados dignos de grandes series de TV como Game of Thrones. Pero también es muy interesante analizar de qué lado se pone cada lector: Light cosecha tantos apoyos como rechazos. No todos creen que una victoria de L sea un final feliz. Es decir, es un cómic que invita a la introspección y que escapa a los determinismos del género manga: el bien y el mal no son conceptos claros y evidentes.

Del manga al cine

Como suele pasar con los mangas exitosos en Japón, Death Note tuvo rápidamente una adaptación al animé, las series animadas de ese país (como Dragon Ball y Pokémon). Además, fue llevado al cine en formato live action (con actores en lugar de dibujos), y hasta tuvo una precuela con L como protagonista. Cada etapa fue un éxito y hoy Death Note se exhibe como ejemplo de lo que debe ser un manga de calidad.

Una de las claves de este cómic es que, a diferencia de otros que acumulan cientos de episodios durante años sin que tenga final (One Piece, Hajime no Ippo), Death Note tiene un inicio y un final planeados y ejecutados. No extienden la historia hasta el infinito cual telenovela venezolana. Claro que los autores no resistieron la tentación de hacer una segunda parte (es pésima), pero eso no afecta en nada el disfrute de la primera. La otra clave es que por más que tenga muchos elementos de fantasía los personajes son realistas, con motivaciones y objetivos que chocan unos con otro y elevan el conflicto al plano con el que el lector se puede identificar.

En fin, si pensás que el manga es cosa de chicos y que no vale la pena considerarlo, Death Note es el mejor ejemplo para demostrar ese error.

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