Image Image Image Image Image Image Image Image Image Image
Scroll to top

Top

No Comments

Mateando en Colonia

Mate en Colonia
Tincho Mérola

Hay una imagen que siempre se me viene a la cabeza cuando me hablan de Colonia. No es la de esa primera (¿sería la primera?) visita a los nueve años con mi familia, paseando por las calles de piedra como si se tratara de una aventura. Tampoco es la de esa vista desde el faro durante un paseo de tres horas en solitario, esperando a que saliera el buquebus hacia Buenos Aires. No. El recuerdo más vívido que tengo de esa ciudad es estar sentado en uno de los muelles del puerto mirando el atardecer junto a mi novia y cebando, despacito, uno tras otro, una seguidilla interminable de mates.

Colonia es para muchos de los que vivimos en Buenos Aires un refugio cercano para escapar del caos citadino. Un oasis de paz a solo una hora en buque cruzando el río. Para los uruguayos es además, por cuestiones geográficas, el punto de encuentro más cercano con nuestro país de origen. En las noches sin estrellas miramos hacia el Río de la Plata buscando las luces de Colonia brillando en la otra orilla, y nos sentimos un poco más cerca de casa.

El mate es otro elemento que nos conecta con Uruguay. Llevar el termo bajo el brazo es una especie de marca registrada. Claro que, a diferencia de lo que se cree, no todos somos materos, pero los que sí tomamos con gusto solemos mantener las preferencias adquiridas desde chicos: mate de calabaza, yerba sin palo y el agua a punto de hervir. Para mí tomar mate es tomarme un pedazo de Uruguay, saborear las calles de Montevideo, sentir el viento de la rambla que te tira para el costado mientras mirás el río/mar.

Esa conjunción de recuerdos y asociaciones hicieron que durante esas dos horas que dura un atardecer en Colonia con ese mate y con la persona que amo, se generara un momento perfecto. De pronto estaba ahí todo lo que tenía que estar, y mi única angustia era que eventualmente el sol terminaría de bajar y el agua del termo se acabaría. Pero me deja tranquilo pensar que Colonia, como siempre, está a mano, ahí nomás. Que siempre habrá una chance de ver otro atardecer, cebar otro mate y vivir otro momento único. ¿Qué esperás para tener el tuyo?

Submit a Comment