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Teatro ciego, deleite de los sentidos

Teatro ciego, deleite de los sentidos
Jime Alcaraz

Como animales de costumbres que somos, esquemáticos y hasta cerrados- a veces- quienes vivimos en ciudades grandes, lanzarnos a la aventura puede parecer una jugada arriesgada: pero con el teatro ciego (nada que envidiarle al teatro tradicional y comercial) el camino es más que seguro: deleite de los sentidos es lo que mejor lo define.

Con opciones varias, el Centro Cultural Konex ofrece una de las propuestas más acabadas sobre la temática, con obras de autores literarios de renombre en la Argentina: Roberto Arlt y Horacio Quiroga. Voy a hablar sobre la que fui a ver (hasta el momento): La Isla Desierta.

Desde que llegás al lugar, el ambiente exhala magia y color: mientras esperás para ingresar a la sala, te organizan en hileras. ¿Por qué? Porque desde que ponés el primer pie en el auditorio, solo hay oscuridad alrededor. Te piden que apoyes tu mano en el hombro del compañero de adelante para evitar cualquier caída, tropezón o despiste.

Una vez que todos se acomodaron, el primer sonido que se escucha es el de una máquina de escribir. La historia remite a una oficina de empleados públicos en la que varios personajes interactúan, presos del hastío de la rutina. A partir de la anécdota que relata uno de los ellos, la historia comienza su despegue y voilà: aromas, sensaciones, risas, tensiones al servicio del público, tan sentidas y reales como si nos pasaran en la vida real.

Desde allí, el espectador va a pasar por diferentes escenarios, conocerá a distintos personajes y se trasladará en el tiempo, a partir del juego que plantean los protagonistas de la trama. Con diálogos muy llevaderos e interacciones que nos hacen pasar de la diversión a la tensión, descubrirá qué tan poderosos pueden ser los sentidos. Sí, porque sin la vista, el resto aflora con fuerza inconmensurable.

El final (no voy a adelantar nada, tranquilos), es doblemente sorprendente. No voy a decir más porque no me corresponde. Pero vale la pena verla. Créanme.

Crédito foto: www.cronicasyversiones.com

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