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TOC: ¿cuál es el tuyo?

TOC: ¿cuál es el tuyo?
Jime Alcaraz

La limpieza, el orden, las líneas, los números, el chequeo recurrente de cerraduras y llaves, las horas de más en el trabajo. Todos ellos (existen muchos más) pueden convertirse en TOCS (Trastornos Obsesivos Compulsivos).

El trastorno obsesivo-compulsivo se caracteriza por la presencia de obsesiones, compulsiones o ambas cosas a la vez. De hecho, en la mayoría de casos, ambas afecciones están relacionadas: las compulsiones son la respuesta con la que la persona se enfrenta a las obsesiones, generalmente, para aliviar la ansiedad que estas últimas le producen. Sin embargo, unas u otras pueden prevalecer, o tener un mayor protagonismo dependiendo de cada paciente, sostiene la Asociación Argentina de Psicología.

En los últimos quince años, la temática cobró notoriedad y las consultas a psicólogos aumentaron, muchas veces motivadas porque no se encontró la causa, o bien para solicitar su reparación. Si nos ponemos a pensar y a observar, vamos a notar que todos, en mayor o menor medida las tenemos. Y si no, alguien con quien estamos a diario, seguro pueda identificarlas por nosotros.

  • Limpieza/ higiene personal y del espacio: es un ‘convención’ mundial (bueno, al menos nacional) el tema del aseo personal, de la casa propia, del lugar de trabajo. Pero está esa persona que lleva su alcohol en gel a todos lados, que anda con toallitas higienizantes, jabones o cualquier producto ascéptico que se le presente. No le importa estar en casa ajena, y pasa un trapito, le da asco apoyarse en cualquier lugar público, y le cuesta horrores comer fuera de su casa. Nadie dice que no sean preventivos, ¡pero se les va la mano!
  • Llaves de gas, luz, puerta, artefactos encendidos: la persona se va a trabajar temprano a la mañana o se acuesta a dormir a la noche, y se levanta, vuelve a la cama, o entra y sale porque cree que dejó encendido algún artefacto o alguna luz, o peor, la puerta y el tema de la inseguridad. Pero no, nada de eso. Una vez que lo chequeó se va contento y tranquilo, pero probablemente vuelva, ‘por las dudas’. Tremendo.
  • Las rayas: ‘¡No las pises!‘, puede que esboce alguien que precisamente le tiene fobia a rosar su pie con alguna baldosa en sus bordes. Entonces, va dando saltitos, cual canguro, con tal de no tocar con su pie alguna de ellas. Cómo no recordar la película Mejor imposible, en la que Jack Nicholson tiene además de este TOC, el de la limpieza, el del orden. Una genial manera de ponerlos de manifiesto.
  • Hipondríacos: este es el caso del que le duele el dedo del pie, y se queja. O el más tremendista, que se asusta. Entonces consulta el número de emergencias, que como el del delivery, está pegado en la heladera. Esto sería lo más leve. Hay otros que salen corriendo a las guardias. Piden que se los interne, que se chequee si no están en riesgo de vida. Ah, y adoran cuanta pastilla esté dando vueltas. Son el Vademécum andante. Los médicos y enfermeros se espantan cada vez que las/los ven. Porque saben que no tienen nada. El ejemplo en el Cuento del lobo.
  • Cuenta todo: suma los números del boleto (los que no van con Sube), los de las patentes. Analiza cuántas vocales tiene determinada frase en la calle, o en el titular del noticiero. Ni que hablar si está aburrido esperando algún transporte o turno de consultorio. Le hierve la cabeza de tanta cuenta matemática. Es el Einstein de 2015.

La obra de teatro sobre calle Corrientes, TOC- TOC, es un compendio de trastornos, puestos en escena de manera sumamente real e identificable para el espectador. Desde hace más de cuatro años, esta exitosa pieza suma y suma espectadores. Si sos de los que todavía no fue a verla, no podés perdértela. Las actuaciones de Daniel Casablanca y Mauricio Dayub, entre otros actores, los diálogos, y también lo se que aprende de esta enfermedad, merecen la pena su entrada.

Vos, ¿te identificás con algunos de todos los tocs mencionados? ¿Cuál es el tuyo?

 

 

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