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Tomate una hora diaria

Tomate una hora diaria
Juli Cecere

Una hora diaria solo para vos (y para mí también, por supuesto). Solo pido eso, una hora para hacer lo que quiera, lo que más me guste. Puede ser cocinar, tomarme un rico té, charlar con una amiga, leer un libro, leer la última Cosmo, o comer algo dulce y rico.

¿No te pasa que habitualmente te ves haciendo cosas para los demás o trámites? Miras tu almanaque, o celu, y se pasó volando la semana. De repente te cae la ficha, durante cinco días desperdiciaste tu tiempo: ya sea haciendo lo que te pidió tu jefe, pagando las cuentas, o peleándote con alguna corporación bancaria o de telefonía porque alguna se mandó.

Digamos basta. Basta de perder el tiempo, basta de dejarlo escapar, lo tenemos hoy, y ahora, dejemos de ponernos excusas. Elijamos hacer más de esas cosas que nos apasionan, más de esas cosas que nunca hacemos por miedo, o por prejuicio, o por terquedad. Tomemos una hora diaria.

Suena un poco idealista el planteo, pero no pretendo un cambio radical de rutina, ni propongo renunciar al trabajo, ni dejar la facultad, no me malentiendan. Sugiero que seamos un poquito más libres, que nuestro ser fluya un poquito más tranquilo, que relajemos en esa hora diaria.

Destinemos una hora diaria para nosotros. Usemos una hora al día, para hacer lo que nos apetezca. No tenemos que dedicar esta horita a algo precisamente trascendente, no tenemos que pensar maneras de erradicar la pobreza, no. Puede ser una horita para leer una buena novela, o para leer una revista, o para tomar esa clase que tenemos ganas hace tiempo y esquivamos. Otras alternativas pueden ser: andar en bici, o un rico té con alguien que no vemos hace mucho por las benditas excusas que inventamos.

Para dedicarnos al ocio, a cultivarnos, a energizarnos. No hace falta creatividad, hacen faltas ganas. Ganas de no dejar que la rutina o la fiaca nos enceguezcan.

 

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