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Un debate, todos los debates

Debate de candidatos presidenciales
Tincho Mérola

Sé que probablemente ya hayan leído notas, opiniones y comentarios varios acerca del primer debate entre candidatos a presidente en la Argentina. Se habla mucho en las redes de lo bien que le fue a Margarita Stolbizer, lo flojo que estuvo Adolfo Rodríguez Saa, los cruces entre Sergio Massa y Mauricio Macri, la figura de Nicolás Del Caño y demás análisis sobre desempeño, propuestas e intercambios. Dejemos algo en claro para superarlo: no creo que haya sido un gran debate. No puede haber un verdadero debate sin confrontación de ideas, algo que se vio muy poco. Por el contrario, se habló mucho a cámara con más de lo mismo que escuchamos en los videos que pueblan los canales de YouTube de los candidatos. Claro que en gran parte eso se debió al faltazo de Daniel Scioli, candidato del oficialismo nacional, con el que todos en realidad pretendían contrastar su modelo.

El atril vacío y los segundos entregados a otros candidatos evidenciaron la ausencia de aquel que fue votado por casi el 40% de los argentinos. Eso deslució en gran medida un debate que estaba destinado a ser histórico. Lo positivo es que igualmente lo fue: hubo gran respuesta del público, que siguió tanto por TV como por Internet la seguidilla de exposiciones, quizá no tanto por el contenido en sí sino por la certeza de que lo que estaba sucediendo es algo necesario para la democracia.

En general, las campañas políticas giran alrededor del dinero. Quien más tiene logra más publicidad, más lugar en los medios y, en definitiva, mejor posicionamiento en las encuestas. El debate ayuda a poner a todos los candidatos en un mismo plano, bajo las mismas reglas y en igualdad de condiciones. Si las propuestas e intercambios son pobres, eso refleja el contenido de los candidatos, no del debate en sí. El debate desnuda y obliga a salir de la comodidad de los spots. Claro que muchas veces se logran esquivar los temas más controvertidos, pero quien lo haga quedará expuesto al ojo crítico de la ciudadanía. Y si la ciudadanía es la que no sabe aprovechar la herramienta para juzgar mejor a sus representantes, muy mal por ella.

Aunque este debate no fue para nada brillante, espero sinceramente que no haya sido el último y que de ahora en más todos exijamos de nuestros candidatos su participación obligatoria. Útil o mediocre, es una herramienta que no nos podemos dar el lujo de desperdiciar. Bienvenida sea.

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