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Retorno de los videojuegos clásicos

Vieja versión de Doom videojuegos clásicos
Tincho Mérola

Un punto se mueve a lo largo de la pantalla, de izquierda a derecha. Impacta con una barra e inicia su traslado hacia el lado opuesto. Así, hasta que un jugador falla el movimiento y el punto se pierde en uno de los lados. Hacía falta mucha imaginación para llamar a esa secuencia “tenis electrónico”, pero se trataba de una experiencia única, totalmente inédita, y eso la convirtió en un recuerdo imborrable para toda una generación.

El Pong se usa a menudo como ejemplo del tremendo avance que han tenido los videojuegos desde su creación. De píxeles monocromos a universos digitales. De cajas cableadas a cascos de realidad virual. La industria del videogame es la que mejor grafica la era electrónica y los cambios de hábitos de las personas. Cada año surgen nuevos juegos, nuevas experiencias y nuevas tecnologías que empujan el límite de lo posible hacia nuevas fronteras. Sin embargo, periódìcamente se produce un inevitable y marcado retorno a los videojuegos clásicos.

El remake de Doom, el gran padre del género shooter, es la prueba más reciente de que la vieja escuela sigue vigente. Claro que no es nada nuevo: videojuegos clásicos como el Mario Bros o Mortal Kombat han tenido decenas de versiones cada vez más modernas. Pero cuando uno vuelve a jugar las primeras versiones redescubre una sensación que ninguna mejora de gráficos puede igualar. Esa sensación de estar jugando a algo que no se había hecho antes, de que se trata de un juego que ha marcado la historia.

No se trata solamente de nostalgia o una simple idealización del pasado. Existen elementos de los videojuegos clásicos que los hacen piezas únicas e irrepetibles. Esa sensación de estar caminando por un pasillo oscuro, empuñando una pistola, saber de qué rincón va a aparecer el monstruo pixelado y aún así sobresaltarse antes de lograr disparar. La emoción de escuchar el festivo jingle del Zelda al momento de abrir un cofre. O simplemente la experiencia de mover una palanca y que ese acto lo reproduzca una barrita blanca al costado de la pantalla. Son sensaciones sobre las que esos videojuegos clásicos tienen monopolio eterno.

5 videojuegos clásicos para disfrutar

  • Doom. El ya mencionado padre de los shooters (juegos de disparos) en primera persona nació en 1993 para DOS y desde entonces ha sido jugado por millones de personas. Claro que los monstruos pixelados parecen menos aterradores comparados con las creaciones virtuales modernas, pero esa sensación de no saber qué encontrarás a la vuelta de la esquina sigue intacta.
  • Súper Mario Bros. La primera gran joya de Nintendo reinventó el género de plataforma y disparó la franquicia más sólida de la historia de los videojuegos. Un plomero, tortugas, hongos y una princesa a la que rescatar. Básico e insuperable.
  • Prince of Persia. Quienes hayan jugado este juego en su primera versión para DOS conocen el verdadero sentido de la palabra frustración. Podés esquivar todas las trampas y matar a todos los enemigos, pero un sólo error y todo vuelve a empezar.
  • Pókemon. Existe un motivo por el que la serie de televisión fue tan popular: este RPG de GameBoy que la antecedió fue algo tan único en su época que arrasó con todos los récords de ventas. Sea en sus versiones Red, Green o Blue, es imposible no volverse adicto en el intento de atraparlos a todos.
  • Tetris. El rey de los videojuegos clásicos (perdón Pac-Man) es eterno en su simpleza: un puzzle (rompecabezas) interminable que nos obliga a pensar rápido y ejecutar inmediatamente. Estrategia y reflejos en su estado más puro.

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