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Y un día me enamoré de un tal Murakami

Haruki Murakami
Jime Alcaraz

Siempre me gustó la lectura. Pero el ritmo de la escuela, después el de la facultad, me alejó de ese mundo, lo confieso: solo cuando terminé con mis estudios, me sentí de nuevo libre de leer sin culpa textos que no fueran de las materias que me tocaba cursar y rendir. Y ahí se coló un amigo, quizá un ‘amor platónico’, como lo considero a altura del partido: Haruki Murakami, el escritor japonés, o Muraki, como me gusta llamarlo.

Tokio Blues fue el primer libro de la colección y llegó un noviembre, para mi cumpleaños. Me lo leí en un viaje de quinientos kilómetros, de un tirón; imposible escapar de ese texto, en el que el protagonista se debatía entre dos amores de mujer, en un relato en primera persona, con altos y bajos permanentes, tragedias y tópicos de la vida cotidiana. No fueron los temas -que hasta pueden sonar de los más comunes- los que me atraparon, sino la manera de contar los hechos: en periodismo decimos que más que el ‘qué’, muchas veces importa el ‘cómo’, y el nipón cumple con ese requisito, para mí, de manera gloriosa.

Después de disfrutar de más de diez libros de Murakami (todavía me debo algunos, en la Argentina habrá alrededor de veinte publicados), lo sigo eligiendo y poniendo entre mis prioridades: voy a la librería y cuando no sé que llevarme, sumo uno de él a mi colección porque sé que tengo buena lectura asegurada.

Gracias a los responsables de ese obsequio. Y pensar que al principio lo miré de reojo, desconfiada. Me enamoró, un amor a segunda vista y que dura.

Si querés conocer más sobre su vida y su obra, y también estar al tanto de las novedades de este autor, podés ingresar en www.harukimurakami.com.

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